jueves, 11 de agosto de 2011

Más burocracia menos eficacia y menos progreso

  El Portavoz del Gobierno andaluz se vanagloria de que ha sido aprobado el reglamento de un nuevo organismo, el COANGOLO - Consejo Andaluz de Gobiernos Locales (las mayúsculas son suyas), los quince miembros de este nuevo ente burocrático, son propuestos por la FEANMUPRO - Federación andaluza de Municipios y Provincias, de los cuales 10 también forman parte del COANCOSO - Consejo Andaluz de Concertación Social. Lo mejor de este nuevo ente burocrático es el carácter de sus trabajos, que NO SERÁN VINCULANTES, por lo que su capacidad de influencia sobre la Administración Pública andaluza será inexistente.

        La COGOJU - Consejería de Gobernación y Justicia canalizará las consultas al COANGOLO y sus pronunciamientos.
        Han observado ustedes que en apenas 9 líneas han aparecido por arte de magia 4 entes, órganos y organillos de carácter público y andaluz. Por orden de importancia, la prelación sería, el primer lugar le corresponde al órgano de más rango, el COGOJU, seguido de la FEANMUPRO, y a la par se encontrarían el COANCOSO y el recién nacido COANGOLO. A  su vez, estos organillos tendrán extensiones provinciales, por lo que en un momento, tenemos montada una maraña de organillos cuyas decisiones no tienen ningún valor para el legislador autonómico.
     Entonces, ¿Si sus decisiones no son vinculantes? ¿Qué son? ¿Y sobre todo, para qué sirven?
     La verdad que no tengo contestaciones para estas preguntas, pero si tengo una idea muy bien formada respecto al tamaño y función de la administración pública sea autonómica, nacional, local o europea, y es la siguiente:
La administración pública solo tiene una función, que es estar al servicio de los ciudadanos y nunca servirse de los ciudadanos, además tiene que ser de tamaño mínimo, y de funcionamiento transparente y austero. Todos sus miembros políticos deben de ser elegidos democráticamente mediante elecciones periódicas, y todos los empleados públicos deben de ser seleccionados mediante sistemas que garanticen el concurso entre los aspirantes y aseguren que se selecciona a los mejores, más idóneos y más adecuados.
     Si el mérito de los aspirantes es el resorte que activa su contratación, el demérito debe de ser el resorte que active su despido, por lo que habrá que disponer de sistemas de despido de funcionarios y asemejar la gestión de los recursos humanos de la administración pública a la gestión de la empresa privada.
     Además y mejor mañana que pasado, hay que desterrar completamente los sistemas más ineficaces de selección de personal, la libre designación y libre remoción. El “dedo” utilizado desde tiempos inmemoriales, coloca muy bien a amigos y familiares, pero atenta con el progreso de la administración, de las personas que la componen y de los ciudadanos a los que dejan de servir para servirse de ellos.



1 comentario:

  1. Documentado y explicado... poco puedo añadir. Gracias por ofrecernos e sta información que ta desapercibida pasa y tan importante es...

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