jueves, 12 de julio de 2012

Rajoy Brey el estrangulador

Después de varios meses de conjeturas y declaraciones contradictorias, ha salido a la luz el nombre del auténtico estrangulador. Desde hace algún tiempo, se venían produciendo en el territorio patrio, fenómenos estrangulatorios de la economía de los ciudadanos, aunque se achacaba su autoría a agentes extranjeros, concretamente de la mal llamada Unión Europea.
Subidas de la imposición indirecta, recortes de los sueldos de los probos funcionarios públicos, recorte de derechos sociales y laborales. A primeros de año se publicaron en los medios los primeros sucesos, que achacaban a funcionarios y a las exigencias de malvados agentes europeos. Sus nefastas consecuencias no tardaron en llegar, las primeras víctimas comenzaron a llenar las portadas de los periódicos, cierre de empresas, desahucios a miles, caída del consumo, reducción de la renta disponible, encarecimiento de los productos, un sinfín de víctimas que sin poder defenderse del estrangulador, caían sin remedio ni solución. Bien es cierto, que estos sucesos ya venían produciéndose desde tiempos anteriores.
Este es un nuevo ataque del estrangulador, que por cebarse siempre en el mismo tipo de víctimas, está produciendo auténtico desasosiego, pero esta vez, aunque el propio estrangulador nos dice que es un “mandao”, que nuevamente los malvados agentes europeos le exigen estrangularnos un poco más, su careta, la careta que se puso el 20 de noviembre de 2011, se le ha caído definitivamente.
Mariano Rajoy Brey, el estrangulador, pasará a la historia, en el mismo capítulo que los más depravados delincuentes y personajes de similar calaña. Tus asombrosas medidas estrangulatorias de la economía, son de libro, pero has errado en el objetivo, la falta de oxígeno financiero y económico provocará una reducción y debilitación de los tejidos comerciales, industriales, laborales y sociales. Eres muy malvado, en lugar de estrangular a tus víctimas en un solo acto, alargas su agonía, y lo que es peor, ni tu mismo sabes, o en tus palabras, me obligarán, a tomar nuevas medidas asfixiadoras, bien sabes que la propia incertidumbre deliberada es un acto perverso, que debilita el espíritu de las víctimas y las pone en situación de asumir sin rechistar nuevos ataques. En tu armario de víctimas, ya se encuentran unas cuantas, tu propio programa desaparecido en apenas 7 meses, tu propia credibilidad desaparecida al comienzo de tu legislatura, pero enterrada en este nuevo ataque publicado hoy en la prensa, la confianza en un equipo y en un gobierno, que es muy débil con los fuertes y amigos, pero muy fuerte con los débiles y la ciudadanía, las subidas de impuestos utilizadas por los malos gobernantes, las pensiones de los jubilados, las expectativas laborales de jóvenes y viejos.
Espero que por tu delito seas juzgado y con los agravantes de crueldad e inutilidad de tus medidas y también por la falta de otras, como el impuesto sobre los grandes patrimonios, impuestos sobre la iglesia, lucha contra el fraude, además lo premias con bajísimos tipos impositivos, la depuración de responsabilidades no solo políticas de tus compañeros de partido y de los socialistas, miembros de todos los Consejos de Administración del sistema financiero español contaminado y corrupto, y por lo tanto responsables de su nefasta gestión, la depuración de las responsabilidades de las centrales sindicales mayoritarias con representación en esos mismos Consejos de Administración de Cajas y Bancos, corresponsables del agujero de 100.000 millones que ahora debemos de pedir fuera y pagar entre todos.
Pero lo más imperdonable es el abandono a su suerte de todos los parados, la falta de auténticas medidas de crecimiento, de desarrollo, de apoyo a la economía productiva que es la que genera empleo, rentas y bienestar.
Espero sinceramente, que no llegues al final de tu mandato, que tu partido pierda estrepitosamente las próximas elecciones, que seas juzgado por felón y antipatriota, y que el bienio negro de tu gobierno sea estudiado en las escuelas como compendio de todo aquello que un buen gobernante nunca debe de hacer.

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