domingo, 17 de julio de 2011

UPyD: el modelo de partido y la alternativa política (por Carlos Martínez Gorriarán)

Me he permitido copiar íntegramente la última entrada del blog de Carlos Martínez Gorriarán, por dos razones, la primera por que suscribo letra por letra el contenido íntegro de su entrada en el blog, y la segunda porque deja claro que determinadas veleidades de representación no democrática y de acumulación de cargos, nos llevaría a donde se encuentran el PPSOE, y si es un lugar al que supuestamente no queremos ir, pues no vayamos y tampoco dejemos que nos lleven.
Los asuntos internos de partido suelen considerarse eso, “asuntos internos”, pero es un hecho que los partidos políticos no son sociedades privadas ni tampoco entidades públicas, sino un híbrido especial al que la Constitución reclama, con mucha razón –y estaría bien que con mayor exigencia-, un funcionamiento democrático interno. Y la razón es que resulta imposible que un partido que no sea democrático en su funcionamiento gobierne un país con los principios de la democracia. Dicho esto, hay mucho que decir y debatir sobre el significado del “funcionamiento democrático” de los partidos, con la añadidura de que la evolución de la sociedad y de la política también obliga a que los partidos evolucionen a su vez. Y si esto no ocurre y los partidos tradicionales se aferran a programas y modos de funcionar anacrónicos, nacen partidos nuevos como nuestra UPyD.
En UPyD celebramos elecciones internas obligatorias tanto para elegir candidatos para las instituciones como para los órganos internos: elecciones sin avales ni filtros, en las que pueden participar todos los afiliados como electores y elegibles. Es imposible un amago engañoso de primarias como el empleado para hacer sitio a Rubalcaba en el PSOE y elevarlo a la condición de candidato designado en vez de elegido. Incluso si sólo hay un candidato debe pasar por el refrendo de los afiliados para que se conozca el apoyo de que disfruta. Con este sistema, los tradicionales “asuntos internos” se convierten necesariamente en asuntos públicos. Soy de los convencidos de que esa publicidad tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Es un inconveniente, por ejemplo, la propensión de los medios a enfocar una elección interna, con la consiguiente rivalidad y campaña para conseguir votos, como si fuera una escisión o una crisis terrible del partido. Podemos convivir con este fastidio si a cambio conseguimos un partido más transparente, más participativo y más competitivo. Y sobre todo, más preparado para resistir y vencer los inevitables cantos de sirena que empujan a UPyD para que sea un partido como los demás: sin primarias, sin elecciones universales y sin normas de transparencia y buenas prácticas en la acción política.
Uno de esos cantos sirénidos es la propensión a transformar las elecciones de órganos internos, pensadas para facilitar la participación activa de los afiliados y abrir el partido a la sociedad, en ocasión propicia para acumular cargos públicos e internos. Debo decir que esa pretensión, aunque no está prohibida por los Estatutos por razones de sentido común (somos un partido pequeño donde no siempre es posible o aconsejable separar los cargos públicos de los internos), me parece completamente contraria al proyecto original de UPyD y plenamente coincidente con los modos y vicios del PP o del PSOE. ¿Cómo es posible que un concejal o un diputado con dedicación exclusiva presente, a los pocos días de tomar posesión, su candidatura a un Consejo Territorial o Local sin que ello signifique que su dedicación dejará de ser auténticamente exclusiva? Es decir, volcada en el servicio a los ciudadanos y por tanto sin interferencias de otros compromisos.
Por razones de coherencia con el proyecto original, eficacia política y responsabilidad ética, la política de UPyD debe ser la de separar las responsabilidades públicas de las internas. Sólo en pocos casos deberían coincidir responsabilidades de partido con el desempeño de un cargo público, por ejemplo en las agrupaciones pequeñas donde no hay suficientes personas disponibles para repartir funciones, y en el Consejo de Dirección. Vamos a explicar esta diferencia.
El Consejo de Dirección es el órgano elegido para decidir el día a día de la acción política entre congresos, y por eso es necesario que sus miembros ocupen aquellos cargos públicos donde esa acción política pasa de la teoría a la práctica, como es el caso de Rosa Díez, Portavoz nacional y, de momento (y por poco tiempo), única Diputado nacional de UPyD. Si las personas elegidas para dirigir UPyD no pudieran ocupar cargos públicos en instituciones, el Consejo de Dirección se convertiría en un órgano asesor de cargos que, por su parte, no han sido elegidos para decidir la estrategia concreta del partido. Y en tal caso, UPyD se convertiría en un partido imposible, carente de órganos con capacidad de decidir (pues el Consejo Político es un órgano deliberativo). O en un partido donde los cargos públicos van por libre en su taifa particular, que es lo que queríamos evitar.
Alguien podría alegar que esa misma regla de compatibilidad de cargos públicos e internos debería regir para los órganos autonómicos, pero eso sólo tendría sentido si UPyD fuera una federación de partidos autonómicos como ya lo son el PP o PSOE, donde cada fracción territorial va por su cuenta y, por tanto, tiene su propia dirección política. Pero en UPyD renunciamos expresamente a reproducir ese modelo mediante la decisión de tener un órgano de dirección único y no 17, precisamente para evitar que los intereses territoriales centrífugos acabaran destruyendo el carácter nacional del partido. Esa es la doble razón de la excepcionalidad del Consejo de Dirección en lo relativo a compaginar cargos públicos con gobierno del partido: el carácter nacional del partido y la naturaleza de sus tareas políticas, que no son deliberativas o asesoras, sino ejecutivas.
Por supuesto, se puede sostener que esto no tiene por qué ser así y que la acumulación de cargos tiene múltiples virtudes aunque, francamente, a mí no se me ocurra ninguna y sí muchos vicios; por ejemplo, la restricción de la participación real de los afiliados al acabar acaparando todos los órganos pequeños grupos, la falta de contrapeso entre órganos del partido y cargos públicos –que lógicamente desaparece si las que deciden son las mismas personas en cargos y partido-, y la introducción de mecanismos de selección de afines y acreedores que, más temprano que tarde, acaba conduciendo a panoramas como el del zapaterismo en el PSOE: la selección negativa de los más dependientes y sumisos marginando a los más autónomos y capaces. Es imposible que un partido organizado con los criterios de acumulación de poder personal y burocratismo de los partidos que criticamos haga una política distinta a la de éstos. Y francamente, para eso no hemos fundado UPyD ni pedido a los ciudadanos que confíen en que haremos política de una manera muy diferente… porque podemos hacerla al ser diferentes. En las instituciones y como partido. No cometamos ese error infantil de copiar a “los mayores” sin reflexionar en las consecuencias.

Gracias Carlos, por la claridad de ideas.

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